Estaba en silencio, en un silencio tan profundo que el aire parecía un temporal. Te miré para recordarte con ese rostro enrojecido, lleno de furia, con esa humedad que llevas desde que te vi por vez primera. Creíste que te olvidaría, que te dejaría tirado congelándote. Déjame que te explique, que mientras tengo el filo en la mano, escribo este cuento, este cuento sobre el fin de tus formas. Mírame antes de escribir esta última línea, antes de acercarme a ti y cortarte en mil pedazos, y hacer la mejor carne a la olla de mi vida.
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