Ese día comenzó todo. Entre ríos de sangre, desperté y lloré amargamente. Miré hacia todos lados y no entendía nada. Fue una tortura. Quería huir, volver de donde había venido, pero era imposible. Unas manos extrañas me tomaron rápidamente mientras yo seguía empapado en sangre, y entonces, dejé de respirar solo para protestar. Todos comenzaron a correr a mi alrededor, luego me di cuenta que no podía controlarlo y no podía respirar en verdad. Sentí un llanto desesperado, una voz ronca que gritaba por ayuda, y yo, yo casi no veía, pero estaba contento, pues todo empezó a oscurecerse, tal cual como era antes de venir aquí, a este lugar lleno de luz. Este fue el día en qué nací, el mismo en que morí.
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