Te
conocí rápidamente, no tomé conciencia de cuánto lo hice hasta que pasó el
tiempo sobre mis hombros. Luego me miraste y dijiste: “te ves hermosa”. Tomé la
copa de vino en mi mano y la bebí de un sorbo hasta el final, sin respirar. Sostuviste
mi mano en ese instante y volviste a sonreírme, ya sabes lo que provocas cuando
sonríes, con tus labios enrojecidos, tu dentadura perfecta y el efecto de las
uvas fermentadas en mi cabeza. Me levantaste de esa silla, de esas sillas nos
levantaste a ambos y pusiste algo de música en tu celular. Me envolviste con
tus brazos fuertes y no tuve otra opción que rodear tu cuello con los míos. Una
lágrima quiso salir de mi ojo izquierdo, pero la detuve para que no fuese mal
entendida. Una melodía cursi comenzó a sonar y nuestros cuerpos siguieron el
vaivén esperado. Luego un beso, luego otro, una caricia y otra, y otra. No es
la primera vez que lo hacemos, ya son años, amándote con cada parte de mi ser. Pellízcame,
quiero saber si esto es real, si es que en verdad se pueden tocar los sueños, y
tomar la felicidad. Quiero saber si todas las canciones tristes pueden escaparse
volando entre nuestros cuerpos para dar paso a la plenitud de amarte todo lo
que me queda de vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario